Con el boleto mínimo rozando los $1.320 y la licitación municipal anulada, la Región Capital atraviesa una profunda crisis de movilidad. Un informe del Observatorio de Datos Estratégicos de Plata Media muestra un sistema donde los usuarios pagan más para viajar parados, llegar tarde o directamente dejar el micro.

Informe: Observatorio de Datos Estratégicos de Plata Media
La Plata, Berisso y Ensenada – Octubre de 2026

La escena se repite igual en 7 y 54, en pleno centro platense; en los paradores de la Avenida Montevideo, en Berisso; y sobre la Avenida 122, que divide las jurisdicciones. Decenas de usuarios miran la pantalla del celular para saber cuándo llega el próximo micro, y la respuesta no aparece. Moverse todos los días por la Región Capital en 2026 se volvió una prueba de resistencia económica y psicológica.

personas viajando partadas en un micro en la plata

Los datos provisorios de la Encuesta de Movilidad Gran La Plata 2026, elaborada en conjunto por la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y el CONICET, confirman lo que ya se veía en la calle: el sistema público de transporte perdió el rumbo y los pasajeros diarios cayeron a apenas 300.000, menos de la mitad de los picos históricos de la región.

El bolsillo asfixiado: la barrera de los mil trescientos pesos

El malestar subió otro escalón con la aplicación de la Resolución N° 81/25 del Ministerio de Transporte bonaerense. A través de una fórmula de actualización automática que combina la inflación pasada y las subas del gasoil, las tarifas aumentaron 3,6% desde este 1° de octubre.

Con el nuevo esquema, el boleto mínimo de las líneas provinciales (del 200 al 499) que conectan los tres municipios quedó en $1.313,86 con tarjeta SUBE registrada. El costo pesa más en los tramos largos, que llegan a un techo de $2.255,98. Quienes viajan con una SUBE sin nominar, por fallas del sistema o demoras burocráticas, pagan el doble: el mínimo supera los $2.600 por tramo.

La cuenta de un hogar promedio es contundente. Un trabajador de Berisso o Ensenada que toma dos colectivos para ir y dos para volver de su empleo en el casco urbano platense gasta hoy más de $115.000 por mes solo en traslados, en un contexto donde los salarios van muy por detrás de la inflación de los servicios básicos.

Frecuencias en retirada y el drama de viajar parado

En la parada de la Línea 202, en Berisso, una vecina cuenta que antes calculaba media hora para llegar al trabajo y que hoy sale dos horas antes, con la esperanza de que el micro no pase de largo. Las quejas por demoras se multiplicaron tras los fuertes recortes de frecuencias que aplicaron las empresas durante el año, con el argumento de deudas de subsidios y la suba del gasoil. Esos recortes dejaron reducciones operativas estructurales de entre 10% y 15%.

El informe del Observatorio de Movilidad del IIPAC (FAU-UNLP-CONICET) deja cifras claras sobre cómo se viaja a diario:

  • El 86,3% de los usuarios habituales de micro afirma que viaja parado en las horas pico.
  • El 59,4% de la población encuestada redujo directamente el uso del colectivo por los aumentos tarifarios sucesivos.
  • Las denuncias más repetidas ante los organismos de control son por colectivos que no respetan las paradas porque van completamente llenos (28%), seguidas de cerca por la falta total de frecuencias (14,6%) y los malos tratos.

Zonas periféricas y localidades platenses como Villa Garibaldi, Ignacio Correas o Melchor Romero quedaron prácticamente aisladas. Usuarios de la Línea Este y la Línea Norte denuncian esperas en las paradas que promedian entre 50 minutos y dos horas, a la intemperie. El deterioro de las unidades, la suciedad y la falta de aire acondicionado o calefacción completan el cuadro de abandono generalizado.

Licitación caída y regreso a foja cero

En medio del descontento social, el plano institucional sumó su propio capítulo. En septiembre de 2026, el Concejo Deliberante de La Plata, por impulso del intendente Julio Alak, aprobó por unanimidad la anulación total de la Licitación Pública N° 42/2025, un proceso clave que buscaba rediseñar por completo el desgastado sistema de transporte de la ciudad.

El pliego había llegado hasta la preadjudicación en marzo, con ofertas de firmas históricas como Unión Platense SRL, Empresa Nueve de Julio SAT y Expreso La Plata Buenos Aires. Quedó frenado durante meses hasta su derogación definitiva. Desde el Ejecutivo municipal explicaron que cambiaron las condiciones de financiamiento nacionales, que la competencia real fue escasa y que hace falta un nuevo diseño que incentive unidades a Gas Natural Comprimido (GNC).

La consecuencia inmediata es la parálisis. El municipio se dio un plazo de 60 días para armar nuevos pliegos técnicos y, mientras tanto, las empresas actuales siguen operando bajo un régimen transitorio, con concesiones totalmente vencidas. Eso les quita cualquier incentivo económico para renovar la flota o sumar unidades a la calle.

Cada uno por su lado: la movilidad urbana se fragmenta

Con un colectivo ineficiente y caro, el tejido urbano del Gran La Plata se resquebraja. Quienes tienen recursos se volcaron de forma masiva al auto particular o a la moto, lo que generó una congestión crónica en los accesos al casco urbano. Del otro lado, las aplicaciones de viaje y las llamadas motos-Uber crecen en los barrios como una alternativa de puerta a puerta frente a la falta de respuestas estatales.

Para los sectores vulnerables, las mujeres —que según las estadísticas sostienen la mayor parte de las tareas de cuidado y los traslados escolares en la región— y los estudiantes de la UNLP, el panorama es de profunda exclusión. Viajar en el Gran La Plata dejó de ser un derecho básico para convertirse en un problema diario y en un lujo que no todos pueden pagar. Mientras los expedientes esperan en los despachos comunales, la Región Capital viaja como puede: tarde, apretada y con el bolsillo vacío.

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