El concejal apostó a la confrontación permanente para ganar centralidad, pero la seguidilla de polémicas empezó a generar ruido dentro de su propio espacio.

Nicolás Morzone eligió hace tiempo una estrategia de exposición permanente, redes y confrontación para ganar lugar en la oposición platense. Le sirvió para instalar su nombre después de que el PRO dejara la Municipalidad, pero en las últimas semanas la misma fórmula empezó a mostrar su costado más incómodo.

La seguidilla arrancó con su propuesta "antifisuras", que generó fuertes cuestionamientos y fue usada por el peronismo para acusar al PRO de importar categorías estigmatizantes. Después llegó otra iniciativa de alto impacto: cambiar el nombre de la Plaza Presidente Perón, en 25 y 60, por Lionel Messi, un proyecto que volvió a ponerlo en el centro de la escena aunque también alimentó críticas por una agenda más orientada al impacto comunicacional que a los problemas cotidianos de la ciudad.

Uno de los primeros tropiezos concretos fue su ofensiva contra el secretario de Coordinación municipal, Luis Arias, a quien le reclamó públicamente la renuncia y hasta la eliminación del área, cuestionando partidas que llamó "Abrecartas" y "Autobrillo". Arias respondió que esos programas no existen en su Secretaría y se ofreció a ir al Concejo a explicarlo, algo que dejó a Morzone en la incómoda posición de defender una ofensiva que él mismo había lanzado con alta exposición.

La tensión escaló esta semana durante el debate por Malvinas, cuando cuestionó al CECIM La Plata y llegó a preguntarse si la postura de los excombatientes respondía a La Cámpora o al peronismo. El cruce terminó en escándalo con la concejala Gisela Di Dio, con gritos dentro y fuera del recinto y la polémica frase sobre que el Concejo "no es un rancherío", en referencia a Arturo Seguí. Pero hubo algo más delicado: al argumentar sobre la soberanía en Malvinas, Morzone dijo que los derechos "se conquistan" y agregó que "si hay que ir a la guerra, se irá a la guerra". La frase salió de los límites de La Plata y lo obligó a aclarar después que no proponía un conflicto bélico con Gran Bretaña y que "no fue la mejor frase".

El ruido, sin embargo, ya no viene solo de sus adversarios. En sectores del PRO platense no cae bien cómo se viene manejando, porque lo ven actuar "más como un dirigente libertario que amarillo", y sospechan que busca acercarse más a Karina Milei que a Cristian Ritondo. "Este no es el discurso del PRO. Lo más cercano a sus ideas puede ser Jorge Macri, pero tiene espalda política para poder hacerlo; él no", señalan desde el espacio. Otros dirigentes creen que copiar el tono libertario le hace perder al PRO justo la posibilidad de diferenciarse de LLA en un momento en que Milei genera rechazo.

Detrás de la hiperactividad también hay lecturas sobre su futuro: quienes lo conocen creen que busca instalarse pensando en ser intendente, aunque saben que dentro del PRO no tiene lugar mientras estén Garro y "el Chuby" por delante en la fila. Por eso, dentro del espacio interpretan sus movimientos como una apuesta que trasciende al propio PRO: "Tiene más chances de ser candidato de Karina que de Ritondo", aseguran quienes creen que buscaría el salto desde el universo libertario, o acumular volumen político hasta forzar a Ritondo a jugarlo.

La estrategia le consiguió lo que buscaba: que se hable de él. La pregunta que empieza a circular en el PRO platense es si tanta exposición lo acerca a la pelea por la Intendencia o si, por el contrario, lo va alejando del lugar desde el que pretendía construirla.

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