Ventas en caida y una presión fiscal cada vez más asfixiante.

Los datos de la realidad marcan que la actividad comercial e industrial de La Plata registra una de las peores crisis de su historia, ahora intensificada por una caída en las ventas y por una presión fiscal sofocante, que causan grave mella y complican en forma extrema la sobrevida de esos sectores. A la caída en las ventas y las dificultades para financiarse se suman las ejecuciones de ARCA y ARBA, reflejadas en multas e intimaciones por deudas impositivas, ejecutadas luego a través de embargos.

El problema quedó en el centro de la escena en las últimas jornadas, tras el cierre de una histórica fábrica textil de La Plata, con más de cinco décadas de actividad. Entre las dificultades, la falta de ventas impidió afrontar tres cuotas de planes de pago del organismo fiscal nacional, lo que activó el procedimiento de embargo.

Según una encuesta realizada por la Facultad de Ciencias Económicas de la UNLP y la Cámara de Comercio local, las ventas comerciales en La Plata cayeron 14,7% interanual durante el segundo trimestre de 2026, acumulando 14 trimestres consecutivos en baja.

En cuanto a la presión fiscal, se reseñó que en lo que va del año el 20% de los comercios e industrias sufrió embargos y el 60% recibió intimaciones por deudas impositivas.

A esto se suma que en La Plata cayó en forma drástica el empleo privado, en un contexto sin planes certeros para lograr inversiones, a pesar de que la ciudad cuenta con un polo tecnológico de primer nivel y plena capacidad para desarrollar la industria tradicional. Esas posibilidades, sin embargo, no logran aprovecharse, no por desidia sino por falta de incentivos.

Pese a todo, comercios, industrias y servicios luchan por sobrevivir y proyectarse hacia un futuro mejor. Según conocedores del sector, la mejor fórmula para facilitarlo es impulsar políticas impositivas y crediticias que resulten estimulantes, y no aquellas que aceleren la caída de las fuentes laborales.

Sin una política de Estado que fomente las inversiones imprescindibles para el sector privado, la ciudad sufre las consecuencias de una población con bajo poder adquisitivo en comparación con la de otras capitales provinciales, aun cuando su condición de capital bonaerense le da la ventaja comparativa de una fuerte administración pública que garantiza ingresos a un amplio sector.

Es de esperar, entonces, que el Estado no se desligue de su función de promotor de la economía general y que, con una política fiscal más inteligente que represiva, acompañe a los pequeños y grandes empresarios que, optimizando su gestión, podrán resurgir y devolverle a la ciudad su vitalidad económica.

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