Las calles de Berisso se vistieron de fiesta en una nueva edición de la Carrera del Inmigrante, marcada por la emotiva actuación de Alexis Cabral, quien logró su mejor marca personal y no pudo contener las lágrimas al cruzar la meta.
Las calles de Berisso se vistieron de fiesta en el marco de una nueva edición de la emblemática Carrera del Inmigrante, la cita atlética por excelencia que engalana el programa de la Fiesta Provincial del Inmigrante. La competencia, cuya largada tuvo lugar a las 8 de la mañana desde el Parque Cívico, en la intersección de avenida Montevideo y calle 11, convocó a cientos de deportistas y entusiastas que desafiaron el circuito urbano. El evento, organizado de manera conjunta por el Municipio local y el Círculo de Atletas Platenses, volvió a honrar las raíces multiculturales de la Capital Provincial del Inmigrante.
Más allá del despliegue organizativo y la entrega de cada uno de los competidores, la jornada estuvo marcada por historias personales que trascienden el cronómetro. El gran protagonista de la fecha fue Alexis Cabral, atleta y corredor de calle radicado en Guernica, partido de Presidente Perón. Integrante del grupo JM Corredores, Cabral es un participante habitual de pruebas de 10K y medio fondo en el circuito bonaerense.
Su travesía hacia Berisso no estuvo exenta de sacrificios: tras no poder descansar la noche previa, se levantó a las 4 de la mañana habiendo dormido apenas dos horas y llegó a la prueba con cansancio y sin grandes expectativas. Sin embargo, a medida que avanzaban los kilómetros a un ritmo sostenido cercano a 3:40 por kilómetro, las sensaciones mejoraron de manera progresiva. Con el dorsal 548, Cabral registró parciales sorprendentes de 3:35, 3:33, 3:28 y hasta 3:25 minutos por kilómetro, y cruzó la meta en un tiempo oficial de 35 minutos y 50 segundos, con un ritmo promedio de 3:34/km. La marca le permitió quedarse con el quinto puesto en la clasificación general y el segundo lugar en su categoría, además de establecer su mejor marca personal, tras llegar con un antecedente de 36:32.
Apenas cruzó la meta frente a la sede de la Sociedad Italiana, el desgaste y la magnitud de la hazaña le provocaron un desborde emocional: rompió en un llanto de desahogo que se extendió varios minutos, mientras sus compañeros de ruta lo felicitaban. Envuelto en lágrimas, apenas podía articular palabras para expresar lo emocionado que estaba, sobre todo habiendo dormido solamente dos horas.
Desde que comenzó a dedicarse al atletismo de calle hace cinco años, Cabral soñaba con sostener ritmos que en sus inicios le parecían imposibles, con la meta de alcanzar los 3:35 por kilómetro. Lograrlo finalmente en Berisso, en una jornada donde todo indicaba que las condiciones no serían las ideales, convirtió la experiencia en un recuerdo imborrable.
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