Entidades del sector advierten que la derogación de la Ley de Defensa de la Actividad Librera pondría en riesgo a más de 1.400 librerías y editoriales independientes en todo el país.
Volvió a encenderse la alarma en el sector editorial argentino ante la posibilidad de que avance la derogación de la Ley de Defensa de la Actividad Librera y de la Ley del Libro. En La Plata, donde funcionan numerosas librerías independientes que además sostienen actividades culturales, la preocupación pasa por las consecuencias que una eventual desregulación tendría sobre todo el ecosistema del libro.
Entidades que representan a libreros, editores, distribuidores, imprentas, autores y bibliotecas lanzaron una campaña para visibilizar lo que consideran una amenaza a una actividad que da trabajo a miles de personas en el país. Según sostienen, la discusión no afecta solo a quienes venden libros, sino a toda la cadena de producción y circulación cultural.
El presidente de la Federación Argentina de Librerías (Falpa), Jorge García, dijo a este medio que los comercios independientes serían los primeros en sufrir las consecuencias si se elimina el sistema actual, y que la situación sería todavía más difícil para las librerías del interior del país.
La Ley de Defensa de la Actividad Librera establece un precio uniforme para que un mismo libro cueste igual en cualquier punto de venta del país. Para los representantes del sector, esa herramienta evita que las grandes cadenas compitan a fuerza de descuentos agresivos y permite que las librerías chicas puedan sostenerse. García citó el caso de Inglaterra, donde la eliminación de mecanismos similares derivó en el cierre de miles de librerías y en una fuerte concentración del mercado editorial.
En City Bell, la librera Ana Borean planteó que existe una idea equivocada sobre los efectos de una eventual derogación. Explicó que en una primera etapa podrían aparecer promociones y descuentos sobre los títulos más vendidos, pero que esa dinámica terminaría beneficiando a las grandes cadenas, los supermercados y las plataformas online, que sí tienen margen para sostener esos precios. Según su mirada, las librerías independientes no cuentan con esa espalda económica, y el resultado más probable es que muchas terminen cerrando mientras el mercado se concentra cada vez más.
Borean agregó que el problema no es solo económico: una mayor concentración también golpearía a las editoriales chicas y medianas, que hoy sostienen buena parte de la diversidad literaria del país y que suelen ser las que publican por primera vez a autores nuevos.
La librera remarcó además que los comercios de barrio cumplen un rol que va mucho más allá de la venta de libros: presentaciones, talleres de lectura y escritura, encuentros con autores y otras actividades que fortalecen la vida cultural de cada comunidad. Según explicó, hoy la competencia entre librerías no pasa por el precio sino por el asesoramiento, el vínculo con los lectores y la posibilidad de generar espacios de encuentro alrededor de los libros. También destacó que muchas librerías funcionan como puerta de entrada para autores locales autogestivos que buscan llegar a sus lectores.
Desde el sector remarcan que la Ley de Defensa de la Actividad Librera no implica subsidios ni gastos para el Estado, y que su objetivo es garantizar condiciones parejas de competencia para toda la cadena. Mientras se gestionan instancias de diálogo con legisladores, crece la incertidumbre entre los libreros de La Plata, donde muchos comercios se convirtieron en referencia cultural para sus barrios.