Un informe de ATE revela que el 87% de los trabajadores estatales tiene deudas vigentes y que el 55,4% debe sumar otro empleo para sostener sus ingresos.

Un relevamiento nacional de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE) expone el impacto del deterioro salarial entre los trabajadores estatales: el 87% mantiene deudas para afrontar gastos básicos y el 73% de quienes están endeudados debe recurrir a varias entidades financieras a la vez. El informe también registró pluriempleo en aumento, menor participación social y un fuerte deterioro de la salud mental entre los consultados.

Según el relevamiento, el endeudamiento dejó de estar asociado principalmente a decisiones de consumo y pasó a convertirse en una herramienta para cubrir gastos esenciales: el 40% de los encuestados dijo usar esos préstamos para afrontar urgencias médicas, educación, alquileres o expensas, mientras que el 37% recurre al crédito para pagar otras deudas, alimentos y ropa. Desde ATE vincularon este escenario con la pérdida del poder adquisitivo y cuestionaron el esquema de aumentos salariales; su secretario general, Rodolfo Aguiar, sostuvo que "el crédito reemplaza al salario real".

La situación también modificó las estrategias para llegar a fin de mes: el 55,4% de los encuestados afirmó tener más de un empleo, y dentro de ese grupo, el 56% son mujeres, de las cuales un 34% trabaja entre 8 y 12 horas diarias. Frente al riesgo de seguir endeudándose, el 39,22% dijo haber recortado actividades recreativas como talleres o salidas, el 29,57% empezó a dedicar más tiempo a buscar precios y promociones, y el 22,91% asumió tareas domésticas que antes delegaba. Para Aguiar, el fenómeno tiene consecuencias que van más allá de lo económico: consideró que el alto nivel de endeudamiento "precariza la vida y enferma a los trabajadores", y responsabilizó al Gobierno nacional por tomar deuda para compensar la caída del salario real.

El informe también reveló un fuerte deterioro del bienestar emocional: el 85,4% de los consultados dijo haber empeorado su salud emocional y psicológica en el último año, con ansiedad, angustia, agotamiento, desánimo e insomnio entre los síntomas más mencionados. Un 43% además afirmó haber dejado de participar en actividades políticas por cansancio, falta de tiempo o de recursos económicos, algo que Aguiar relacionó con una caída en la militancia colectiva. En la misma línea, la secretaria de Género y Diversidad de ATE, Clarisa Gambera, planteó que el problema es laboral y sindical antes que individual: "acá no hay fracaso ni mala administración de la economía doméstica", señaló, y lo atribuyó a que los sueldos no acompañaron la inflación.

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